En 1859, el filósofo John Stuart Mill plantea una pregunta sencilla: ¿hasta dónde tiene derecho la sociedad a controlar a un individuo? Su respuesta cabe en un principio: cada uno debe poder pensar, hablar y vivir como quiera, mientras no perjudique a los demás.
Mill defiende la libertad de expresión, incluso para las ideas que escandalizan, y advierte contra la «tiranía de la mayoría». En la era de las redes sociales, sus argumentos ayudan a saber qué se puede decir y qué se debe tolerar.
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