Estos dos relatos de San Petersburgo siguen cada uno a un pequeño funcionario. Akaki Akákievich, un copista del que se burlan sus colegas, se priva de todo durante meses para hacerse un capote nuevo. Kovaliov, por su parte, se despierta una mañana sin nariz, y pronto se la cruza por la calle, de uniforme y con un rango superior al suyo.
Gógol mezcla la risa y la compasión, en una ciudad donde manda el absurdo. Se atribuye a Dostoyevski una frase que se ha hecho célebre: «Todos hemos salido de El capote de Gógol».
Estos dos relatos breves se leen cada uno de un tirón en el idioma que estás aprendiendo.



















